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El mundo se me volvió hostil de repente Ya antes de salir de la universidad Constanza (30 años, ingeniera civil) comenzó a trabajar en una empresa en el área de evaluación de proyectos. Paralelamente, terminó su carrera, inició un magister para perfeccionarse y hacía clases en la universidad. De esa época recuerda: Los primeros dos años me fue fantástico; además, como el perfil de la gente que estaba allí era un poco más técnico que profesional, fue muy fácil ascender. Durante dos años y medio, la relación con su jefe fue óptima y nunca tuvo problemas; por el contrario, quedó a cargo del proyecto más importante. Pero al tiempo se marchó ese jefe, se fusionó su área y comenzó a depender de otro. Ese nuevo jefe fue el mismo que dio el visto bueno para que me contrataran la primera vez y me había entrevistado. A él le parecía fenómeno que yo trabajara con él y me lo dijo: eres súper bienvenida, me caíste del cielo. Puras frases de recepción excelentes, que me hicieron pensar que todo iba bien. Pero paralelamente me embaracé y comencé a oír cosas del tipo: tú vas a desaparecer, vas a empezar con licencias y ya no podremos contar contigo. Entonces, además de todo el conflicto personal que era para mí estar embarazada sin haberlo planificado - soy mamá soltera- , empezó un tema de conflicto laboral muy duro y conflictivo. Cuando Constanza volvió del posnatal no tenía oficina. Fue la invasión máxima el que otra persona ocupara mi espacio. Nadie me dio una explicación. Pero lo intuía, porque antes de irme de prenatal me preguntaban todos los días cuándo me iba. Considerando su nueva responsabilidad familiar, no podía renunciar. Agaché mi cabecita y dignamente traté de seguir con lo mío, porque además la persona que había tomado mi pega, no la dejó cuando llegué. Nadie le dijo que lo hiciera. El punto es que yo llegaba a trabajar y hacía nada. Finalmente, mi jefe me dijo que me pusiera por debajo de la persona que me reemplazó, quien estaba menos calificada que yo, y que compartiera oficina con ella. A pesar de todo, Constanza trató de ganarse los espacios presentando proyectos que quedaron sobre el escritorio de su jefe. El me decía: sí, yo lo voy a evaluar; lo voy a ver, no te preocupes, y ahí no más quedaba. Intenté buscar un lugar, pero me lo cerraban. Cuando entré en ese circuito, la verdad es que dudé primero a nivel personal: ¿qué fue lo que hice, hice algo malo?, ¿qué pasa, por qué tienen esta actitud conmigo? Y empezó mi cuestionamiento: ¿habré cambiado mi actitud, me habré puesto agresiva?, ¿no será que esto se inició porque mi trabajo es malo? Pero cómo si antes tuve proyectos tan exitosos, cómo de un día para otro iba a cambiar mi rendimiento profesional. Contradictoriamente, fuera de su trabajo a Constanza le iba muy bien en las consultorías y actividades de la universidad, donde fue incluso becada durante el magister por su alto rendimiento académico. Sabía que mi intelecto no había cambiado, entonces, qué pasó en mí que el mundo se me volvió hostil de repente. Había algo que no me estaba cuajando. Finalmente toda esta agonía duró dos meses más hasta que conseguí otro trabajo. Fue una cuestión muy agresiva para mí. Esto no es abierto. Con el tiempo, Constanza ha contestado algunas de sus dudas: Pienso que uno a veces hace o dice cosas en el trabajo que pueden ser malinterpretadas. Yo era muy opinante sobre las decisiones y quizás me pasó por haber sido demasiado asertiva, pero sentía que era parte de mi labor. A mí generalmente me pagan por dar una opinión sobre algo. Ese es mi papel normal y mi valor agregado como profesional. Pero en ese lugar el valor agregado es que hagas lo que el jefe quiere que hagas. Esa es la dinámica de esa organización y claramente mi perfil no cuadraba con esa empresa o viceversa. Ahora lleva casi un año en su nuevo trabajo y está feliz. Sé, claramente, que las relaciones laborales se pueden romper. Por lo menos ya me pasó una vez, y si vuelve a ocurrir lo voy a identificar a tiempo para tomar medidas. ¿Miedo? No, al revés, más seguridad.
Recogido en Internet (farox.com) |